De Ponga ya hemos hablado otra vez, solo que en el mes de Mayo. Cambia muchísimo de una estación a otra.

Podéis ver qué aspecto tenía cerca de Mayo aquí y aquí, que nada que ver.

Las plantas que vemos son otras muy distintas y los colores también.

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Ulex europeus (Tojo)

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Sendero de largo recorrido.

No lo pintéis en los cerezos, por favor.

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Acebos y abedules

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Quercus pyrenaica (Roble)

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Ilex aquifolium (Acebo)

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Quercus robur (Roble)

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Rosa canina (Escaramujo)

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Renacuajos en el pilón.

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Frutos del haya: hayucos.

Los hemos probado. Saben a algo parecido a una nuez rancia.

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Frutos del rosal: escaramujos

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Vaccinum myrtillus (Arándano)

El otoño le sienta especialmente bien al bosque. Todo se ve más claro, y al no haber hojas se percibe la estructura de los árboles, las rocas y el perfil de las montañas con más nitidez.

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Los colores cambian también; ya no predomina el verde, sino una mezcla sutil entre gris y malva, con el blanco de la nieve que parece que grita.

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La vegetación cambia de color, y al estar ya muchas hojas en el suelo, se ven mejor los troncos, praderas… parece que la estructura de los montes se dibuja mejor al desaparecer todo el verde que hay por encima de las cosas en primavera y verano. La luz es también más nítida y todo brilla.

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Las hayas son árboles caducifolios, pero cuando son jóvenes, y para proteger los brotes hasta la primavera, son marcesentes, es decir, que no pierden la hoja aunque esté seca y sea de color castaño. Así impiden que los herbívoros del bosque devoren los brotes tiernos, porque están a una altura accesible para ellos. Es una estrategia de defensa; también algunos robles lo hacen.

dsc_0296 dsc_0323dsc_0302dsc_0342 dsc_0334 dsc_0348 dsc_0331Es el bosque mágico.