El compost es muy importante para el jardín; es el abono más completo que se puede usar. El problema es que nunca hay suficiente. La tierra lo absorbe y desaparece, y parece que no alcanza ni para poner una capa transparente.

Nosotras lo usamos exclusivamente para la huerta, porque es donde más se exige a la pobre tierra que rinda, y donde siempre hay alguna cosa en urgente necesidad.dsc_0613

Para el resto de zonas que necesitan mejora en la tierra, usamos mantillo de hojas. No aporta a la tierra tanta nutrición, porque su composición no es tan compleja, pero la mejora inmediatamente, sobre todo en la capacidad de mantener la humedad. Si no echáramos a las zonas cultivadas cada año una capa, tendríamos que regar continuamente si no llueve, y la superficie que podríamos cultivar sería mucho más pequeña.

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Estéticamente, además, hace que se vea la superficie de la tierra negra y uniforme, con lo que las plantas relucen como joyas cuando no está todo verde.

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Receta:

Mucho mas sencilla que la del compost; simplemente se van acumulando en una esquina todas las hojas que caen en otoño, se dejan todo el año ahí, procurando que estén húmedas (Se pueden meter en bolsas de basura grandes, pero si se secan no se deshacen nunca, quedan como el brazo incorrupto de Santa Teresa cuando se abre la bolsa al cabo de meses).

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Para acelerar un poco el proceso, conviene removerlo de vez en cuando con una horca, o por lo menos empezar a hacerlo a partir de marzo, que empieza a calentarse el ambiente. Para entonces el volumen ya habrá disminuido mucho y no cuesta tanto como cuando las hojas están enteras. Otro acelerador estupendo, igual que para el compost, es la orina.

(Ahí lo dejamos…).

Si todo va bien, cuando empieza a hacer calorcillo y habría que empezar a regar, ya está listo para usarlo.

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Una única precaución: cuidado con las plantas recién trasplantadas de semilleros o las que tienen tallos muy tiernos; si el mantillo no está bien descompuesto no es seguro usarlo aquí; los organismos que descomponen las hojas también atacan a las plantitas jóvenes e incautas. Esparcirlo alrededor, pero no en contacto con las partes tiernas, o esparcirlo en la zonas que queremos plantar y esperar unos días a que las lombrices lo incorporen a la tierra.