Lo primero es tener todas las cosas que vamos a necesitar a mano. Es más fácil en una escalera, porque así llegamos a todo y lo vemos de un vistazo.

Después vamos a preparar la tierra, dependiendo de lo que vayamos a plantar.  Conviene cribarla para eliminar piedras, ramitas, etc. y para airearla y mezclarla bien. Aquí se compacta mucho.

Es el momento de observar la tierra que tenemos y añadir lo que necesite para ser fértil; las plantitas que vamos a poner ahí tienen que estar un tiempo viviendo de ella, por lo menos hasta que las volvamos a trasplantar; hay que darse cuenta de que no tienen patas ni alas para huir.

Podéis aprender más sobre la tierra en un post anterior que se llama “Semilleros” (hacer click ahí)

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Después elegimos una maceta limpia, y ponemos en el fondo una capa de piedrecitas o grava para hacer un buen drenaje.

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Rellenamos el fondo con tierra, y vamos colocando las plantas que van a vivir ahí (En éste caso, fucsias), como queramos que queden, de un sólo tipo, como aquí, o mezclando varias clases de plantas. Lo más importante es que respetemos el mismo nivel que tenían antes del trasplante, no deben estar más enterradas ni fuera de la tierra; cada cosa en su sitio: las raíces, dentro, y la vegetación, fuera.

Y, por supuesto, si mezclamos varias clases, que sean compatibles entre sí, tanto biológica como estéticamente.

Podéis consultar el proceso de la maceta en este link: Maceta 3

DSC_0316DSC_0318 Regar bien, y listo.