Los jacintos –Hyacinthus orientalis- son originarios de Turquía, Siria y el Líbano (Esperemos que quede alguno silvestre), y se sabe que en el S. XVI se llevaron algunos al Jardín Botánico de Padua. Estos bulbos eran de color azul sobre todo, y como los que fotografiamos al final, escuchimizados y con pocas flores.

A partir de su entrada en Europa, como pasó con otros bulbos orientales, sobre todo los tulipanes, se empezaron a «mejorar», cruzándolos entre distintas variedades para conseguir los bulbos que podemos comprar ahora, versiones del original corregidos y aumentados. En mi opinión, no han hecho más que conseguir que parezcan de plástico. A veces se caen por su peso, excesivo para el tallo, y es imposible que queden naturales en ninguna plantación, yo sólo los pongo en macetas, donde esa apariencia artificial puede dar resultado.

Jacinto. 1 de febrero 16'

Jacinto. 1 de febrero 16′

A pesar de eso, no podría pasar sin el perfume. De todas maneras, la rechonchez sólo les dura una temporada, a la siguiente revierten a su esencia. Eso sí, para que sobrevivan hay que plantarlos a dos veces su profundidad en el jardín inmediatamente después de florecer, con todas sus hojas, y no molestarlos más.

Jacinto «White Pearl»

 

Jacinto

Jacinto. 8 de febrero 16'

Jacinto «Pink Pearl». 8 de febrero 16′

Ramo de jacintos con un paisaje de Héctor Jácome

Ramo de jacintos con un paisaje de Héctor Jácome

Detalle jacinto

«Jan Bos»

Los jacintos tienen la apariencia suntuosa de una joya, y eso que no os llega el olor…

Pasamos a los naturalizados: nada que ver.

27 enero 16.6

8 febrero 16.3

21 enero 16.4

Estos jacintos están plantados hace años en el jardín; en origen eran como los de los jarrones, gorditos y bien alimentados. Al ponerlos en tierra, no en macetas, vuelven a su ser original. Para mí, mucho más naturales y elegantes