En Asturias este dulce es de lo más típico. Lógico, aquí las manzanas caen de los árboles y si no son de buen tamaño o el dueño las transforma en sidra, nadie las recoge; pasan a ser comida de pájaros , erizos y jabalíes, que en otoño se pegan un atracón.

Esas manzanas caídas y que nadie quiere es lo que vamos a utilizar para hacer esta delicia. Da igual que sean pequeñas, deformes o que estén un poco feas: se lavan, se les quita lo estropeado, y sin ni siquiera pelarlas, se ponen en trozos grandes en una cacerola con un poco de agua a hervir, hasta que estén blandas. Hay que vigilar que no hiervan a fuego muy fuerte para que se cuezan antes de que se evapore todo el líquido. Si va muy rápido, se baja el fuego y se tapan.

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Depende de la calidad de la fruta, pero en media hora ya suelen estar blandas. Tienen que estar casi deshechas.

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Se pasan por un pasapurés o un tamiz, sin estrujarlas mucho, para que no caigan trozos de piel ni pepitas, lo que les daría más acidez. Tenemos así un puré, que si no nos conviene el azúcar podemos comer tal cual, es una compota de manzana buenísima. Está de miedo con guisos de carne, aves, etc.

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Pero para nuestro dulce, le vamos a añadir una cantidad de azúcar más o menos igual al peso de la compota.

A ojo, no importa la exactitud, que siempre sale buena.

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La hacemos hervir durante 20 min.por lo menos, hasta que veamos que espesa y cambia un poco el color, a caramelo.

La metemos en botes y, una vez cerrados, los esterilizamos en agua hirviendo 20 min.

Es un clásico comerla con cualquier queso, pero sigue estando buenísima con guisos de carne o caza.

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