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Esta pradera está situada cerca del río Jarama, en Madrid. Este tipo de vegetación, de dehesa, necesita un clima totalmente seco en verano, con dos momentos de esplendor, en primavera y en otoño.

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Verbascum thapsus reinando sobre amapolas, malvas y margaritas.

Es impresionante ver, en primavera,  cómo un terreno que la mayor parte del año está tan seco y que da hasta sed, puede cambiar tanto. Cuando empieza a llover (en cuestión de días), se cubre de flores sin dejar un solo hueco, y los matojos secos reverdecen, mientras que el campo cultivado se pone verde claro y le crecen unas espigas (Los cereales, avena, trigo y cebada) que parecen móviles delicadísimos al viento. Las amapolas aportan el color violento al tema. Las combinaciones de color son sublimes.

Sin embargo esto dura un suspiro.

Es hasta que empieza el calor.

Vamos, unas pocas semanas, con suerte.

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El árbol de la dehesa es la encina, Quercus ilex, que en primavera se pone verde claro con las hojas nuevas que le salen, y se cubre de flores formando una especie de telarañas pardas, como si fuera una novia cubierta de velos dorados.

Tiene un olor muy especial.

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Los colores de las flores forman tapices geniales y las esculturas de los gordolobos como candelabros grises, dan altura y un cambio a la composición.

Si se planea, no sale mejor.

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Leontodon hispidus, Crepis vesicaria, Malva, Echium y espigas.

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Campanula patula

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Andryala integrifolia y Silene colorata

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Hordeum murinum

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Convolvulus arvensis

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Ferula communis

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Malva sylvestris

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