Seguro que si os interesa el cultivo de plantas en general habéis oído la palabra “compost” más de una vez. En lo que se llama en general “agricultura ecológica” es el único abono que se utiliza.

Vamos a intentar explicar de manera sencilla, que no es fácil, lo que es.

La tierra es un ser vivo. Así dicho, asusta.

¿Qué queremos decir con esto? que hay que cuidarla para que sea fértil.

Es el medio que utilizan las plantas para vivir, y ellas no tienen patas o alas para cambiar de sitio, así que hay que plantarlas en una tierra que les garantice una vida sana y en las mejores condiciones posibles, para que den lo mejor de sí.

La tierra tiene unas características que vienen marcadas de origen, por el sustrato, o la roca sobre la que está y de la que se ha formado.

Es muy difícil cambiar el ph (o nivel de acidez) de la tierra en la que queremos cultivar plantas. Pasa lo mismo con la composición mineral, la base de la que está formada.dsc_0949

Lo que si podemos y debemos, si queremos conseguir el máximo rendimiento de nuestro trabajo al poner ahí unas plantas que hemos elegido, es mejorar esa tierra, que es muy difícil que sea perfecta para que lo que queremos cultivar progrese en las mejores condiciones.

La mejor manera de aumentar la fertilidad de la tierra es añadirle compost. Los abonos químicos no cumplen esa función porque sólo corrigen los niveles de minerales que necesitan las plantas para crecer, pero no tratan la tierra. No la mejoran. Si dejamos de ponerlos vuelve a ser pobre; la capacidad de retener la humedad, por ejemplo, no se puede mejorar añadiendo abonos químicos, y las plantas todo lo que absorben del suelo lo hacen a través del agua que circula desde las raíces a las hojas.

Si hacemos compost en el jardín cada año, y lo ponemos en una capa uniforme encima de la tierra cultivada, conseguimos ir aumentando la fertilidad de la tierra, su aspecto, olor y color mejora, y las plantas crecen sanas, sin plagas ni enfermedades. No hace falta nada más que agua, y mucha menos que si no lo pusiéramos.

RECETA:

  1. Todos los vegetales que saquemos del jardín: hierbajos, hojas secas, recortes de hierba, restos de poda (partidos pequeños)…dsc_0558¡Ojo! Procurad no poner ningún trozo de cosa invasiva:bulbos, raíces o tallos de esas plantitas que no hay quien acabe con ellas (Zarzas, ortigas, en cada sitio sabréis de qué estoy hablando, cada jardín tiene su cruz).
  2. Todos los desperdicios vegetales de la cocina, excepto cítricos (peladuras, frutas, hojas feas, posos de café y té…)dsc_0841
  3. Cáscaras de huevos.dsc_0549
  4. Papel y cajas de cartón sin teñir, imprimir o blanquear.
  5. Estiércol de cualquier animal que no coma pienso. Con la paja del establo mejor.
  6. Algas.

Por supuesto, esta receta es la ideal. Tendríamos que ir alternando capas de cada uno de éstos materiales con capa de vegetales verdes, como si fuera un hojaldre, durante un año. Empezando al principio de primavera, que es cuando se usa más, y al llegar el invierno, que ya producimos poca cosa verde en el jardín, se cubre con una capa gruesa de estiércol fresco y se deja así hasta que se empiece a usar. Hay que mantenerlo húmedo, y procurar que no haya capas muy gruesas de ninguno de los materiales que vamos añadiendo.

Los vegetales nos van a proporcionar todo el nitrógeno que necesitan las plantas para crecer; el resto de minerales vienen de las cáscaras de huevo (Calcio sobre todo), y las algas son muy importantes porque contienen minerales difíciles de encontrar en la tierra; es difícil tenerlas a mano, pero con echarlas una vez al año notaríamos mucho la diferencia, y no pesan nada si se ponen secas…dsc_0417Recomendamos no poner recortes de hierba ni de nada abonado, fumigado o tratado o que tenga enfermedades.

Si vemos que el proceso es muy lento, si estamos ansiosos por usarlo, si no tenemos suficiente para la superficie que queremos mejorar (Eso es una tontería, un jardinero nunca tiene suficiente compost: atención, Reyes Magos),  etc. , que sepáis que hay maneras de hacer más corto el guiso: remover la montaña con una horca -se requiere fuerza bruta-, o añadir orina.

Ahí queda eso. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Al empezar a alargarse los días (Febrero es lo ideal) se echa en la tierra que queremos mejorar en una capa uniforme, por encima, y se deja que las lombrices trabajen un poco, sin cavar ni nada; veréis cómo la van mezclando en muy poco tiempo. Si no teníais lombrices ya aparecerán.

Todo esto se entiende que es la receta ideal, que nunca se consigue. No pasa nada si no tenemos algas, si hay un montonazo de hierba cortada y nada más, si no comemos huevos. Para la tierra es mejor echar cualquier compost, incluso si no se nos ha deshecho en un año y está lleno de trozos de cosas, que no echarlo.

Ya sabes, está viva.